Federico Winer - Reinstituir la mirada: la contemplación como operación tecnoestética en el proyecto Ultradistancia.

Federico Winer

FACULTAD DE DERECHO/UBA

La filosofía de la técnica ha pensado extensamente cómo los objetos técnicos modifican nuestras formas de producir, conocer y habitar el mundo. Mucho menos frecuente resulta preguntarse qué ocurre cuando un objeto técnico deja momentáneamente de cumplir la función para la cual fue instituido. No porque falle, sino porque una operación distinta altera el régimen de experiencia que organiza su uso. Quizás allí pueda localizarse una dimensión específica de la tecnoestética.

Las imágenes satelitales constituyen uno de los dispositivos paradigmáticos de la racionalidad técnica contemporánea. Nacidas para medir, cartografiar, administrar y controlar el territorio, son imágenes cuya eficacia depende de desaparecer detrás de la información que producen. Nadie contempla una imagen satelital; se la consulta.

Ultradistancia -el proyecto de arte satelital que llevo adelante desde hace más de 10 años- parte precisamente de ese objeto técnico sin modificarlo. No produce nuevas imágenes (aunque lo haga) ni altera los datos contenidos en ellas (aunque lo haga). El satélite continúa siendo el mismo; la información permanece intacta. Lo que cambia es la operación que organiza la relación con esa imagen. Allí donde antes existía un instrumento de cálculo aparece un espacio de contemplación. Allí donde predominaba la velocidad del procesamiento emerge la lentitud de la experiencia. Allí donde la técnica buscaba eliminar la ambigüedad reaparece la incertidumbre propia de toda percepción estética.

En este sentido, Ultradistancia no constituye una crítica de la tecnología ni una estetización de imágenes científicas. Su operación consiste en suspender la finalidad dominante de un objeto técnico para actualizar posibilidades sensibles que permanecían virtualmente contenidas en él. Desde esta perspectiva, la noción simondoniana de tecnoestética podría ser releída no como el simple encuentro entre arte y tecnología, sino como la capacidad de revelar dimensiones estéticas latentes en un objeto cuya función parecía completamente agotada por la eficacia técnica.

Toda técnica posee una función, pero también un excedente. Existe siempre una diferencia entre aquello para lo cual un objeto fue diseñado y aquello que todavía puede llegar a producir. La operación estética consiste precisamente en explorar ese excedente. No modifica materialmente el objeto técnico (aunque lo haga); modifica el régimen de relaciones dentro del cual ese objeto adquiere sentido. La innovación deja entonces de identificarse exclusivamente con la invención de nuevos dispositivos para desplazarse hacia la invención de nuevos usos.

Desde esta perspectiva, Ultradistancia no produce nuevas imágenes satelitales (aunque lo haga). Instituye una nueva forma de mirar imágenes que ya existen. El dispositivo permanece idéntico (aunque no lo haga); quien cambia es el sujeto que observa y el tiempo que dedica a esa experiencia. Si una de las operaciones fundamentales de la técnica contemporánea consiste en acelerar la percepción y reducir el tiempo necesario para conocer el mundo, Ultradistancia propone el movimiento inverso: reintroducir tiempo allí donde la técnica había logrado eliminarlo. La contemplación deja entonces de ser una actitud pasiva para convertirse en una operación crítica sobre la propia técnica.

Quizás, en una época caracterizada por la producción incesante de imágenes, la tarea del arte ya no consista en fabricar otras nuevas (aunque lo haga). Satélites, drones, teléfonos móviles e inteligencias artificiales producen imágenes en una cantidad que excede nuestra capacidad de atención. Tal vez el problema contemporáneo sea otro: producir las condiciones para volver a mirar. Si esto es así, una línea de fuga posible no consistirá en escapar de la técnica, sino en reinventar sus operaciones desde su propio interior. Ultradistancia propone precisamente esa posibilidad: transformar una tecnología concebida para administrar el territorio en una experiencia capaz de reinstituir nuestra relación sensible con el mundo, aunque no lo haga.

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