Julieta María Richiello - Mejor que sustituir, restituir. ¿A quién? La posibilidad de una isla: poesía e imago naturae en José Lezama Lima desde las tecnologías de la crítica

Julieta María Richiello

UNTREF-Instituto de Estudios Filológicos Latinoamericanos “Ana María Barrenechea”

En febrero de 1954, José Lezama Lima le escribe a María Zambrano: “Partí de la poesía y ahora estoy en ese momento en que quisiera ahondar en esa encarnación o hipóstasis de las imágenes”. Con la certeza de que esta “faena natural” le dará un destino, el cubano sostiene sobre su trabajo con la poesía que “cuando hemos estado durante muchos años golpeando el metal en un sólo punto, en forma de duro ejercicio, no adquirimos tan solo un sentido morfológico de muchos valores, sino que nos vamos apoderando de una extensa zona relacionable” (p. 107).

Un mes después en “Introducción a un Sistema Poético”, publicado en la revista Orígenes(año 11, n.° 36), escribe que se está ante La rebúsqueda del tiempo perdido (p. 51) para preguntarse por las relaciones de contigüidad y continuidad de la imagen que operan en su invención en la poesía: “Las infinitas seriaciones sobre las que actúa la metáfora para provocar la causalidad de la sentencia poética dentro del continuo aportado por la imagen” (p. 53), en los que la metáfora es “el relieve de la plasticidad en las semejanzas, o un crujimiento de esos acumulados toques de energía en la fluidez de la corriente o en la densidad de la masa” (p. 54).

Deleuze sostiene en los 90 que los escritores deben leer colecciones de jurisprudencia. Esta es una invitación a recuperar la singularidad germinal de los casos a partir de los signos mundanos y sensibles cuyo ritmo o repetición se manifiesta en la diferencia, donde se cifra la imagen de una sonata, en la que se lleva a cabo un proceso de individuación (Simondon, 2015), a partir de ondulaciones de memoria, entre materia y pensamiento, que implican una renuncia –sobre todo hilemorfismo– y una asunción: el punto de vista, o del crítico sobre un objeto, cuya acción existe en relación a otro que ella misma (entonces como theatron), en su escenificación concisa que es el tribunal –ahora en su versión secularizada– de la historia. 

Bajo estas morfologías del plano de la expresión que despliegan la distensión de los afectosemergen las tecnologías (o artefactos) de la crítica (Thayer, 2010) la representación del paisaje y la relación entre naturaleza y cultura a partir del “paradigma del jardín”. Existe otro modo de existencia híbrido en la que la esencia de la forma es captada por los sentidos –que Aristóteles interpreta como aura– que inventa o reinventa lo extraño, como principio de lo familiar, y que tiene a la excepción como principio fundante para manifestar, en el siglo XX, su crítica y crisis de las formas del arte, pero también de la Constitución del Estado, de la obra política, de los gobiernos, de la ciudad, del lenguaje, de la obra literaria, teológica, cosmológica y la relación de los elementos entre sí, de la universidad. La posibilidad de la isla cubana le provee a Lezama Lima del verdadero estado de excepción inmanente al desarrollo de procesos físicos, históricos, económicos, espirituales, que no se deja reducir a una sentencia, a partir de la variación de ese estilo que comprende la crítica como vida en su potencialidad, su funcionamiento, su ritmo, armonía, su crisis y su fracaso, a partir del barroco como “método” (Díaz, 2023), aquí “medio expresivo de la individuación latinoamericana” (Aguirre, 2015), jurídico (Siniscalchi, 2017) en transducción con los europeos.

El teatro, que lleva a cabo el proceso dramático-afectivo, ha sido comprendido como estructura viva (desde el punto de vista mecanicista o verosímil de lo viviente) como organismo, pero también como jardín para explicar la divisibilidad infinita y la vitalidad de la materia (Leibniz, 1982; Zylberberg, 1999): un recorrido semiótico tensivo o transductivoentre la veridicción a la forma de vida, y que construye la ficción de naturaleza (imago naturae) (Thomas, 1991). 

 

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